Investigación histórica de hechos y personajes relevantes en el mundo de la náutica en la Vila Joiosa (Alacant).

jueves, 9 de octubre de 2008

CRISIS DE LA MARINA MERCANTE DE LA VILA JOIOSA A FINALES DEL XIX

Reproducimos un interesante artículo publicado el 2 de octubre de 1.887 en el periódico "La Balanza" en el que se reivindica la construcción tantas veces aplazada del puerto de La Vila:

LO QUE VA DE AYER A HOY. No hay pueblo marítimo en España que haya sentido más la precaria situación que atraviesa la marina mercante que nuestra Villa, cuya navegación formaba parte de su prosperidad y engrandecimiento. La historia algo conocida de estas calamidades generales cuyos resultado tocan todos los pueblos del litoral y posesiones ultramarinas, nos relevan de profundizar este asunto, el cual está sometido al criterio de corporaciones científicas como en Centro de Navieros de Barcelona , cuya sociedad posee una recopilación de datos estadísticos propios para demostrarlo, como lo han efectuado varias veces los Centros Científicos de la Corte. Nuestro ánimo se concreta a bosquejar el triste cuadro que se nos presenta hoy al contemplar las desiertas playas de nuestra Villa y compararlas con la década del año 60 a 70 que según los datos estadísticos que nos hemos podido proporcionar, es el período más próspero de cuantos han transcurrido para esta marina. Tenemos a la vista varias poesía inéditas inspiradas en las épocas a que nos referimos que manifiestan claramente el grado de riqueza y satisfacción que gozaban esta agrupación de hijos del trabajo, fieles siempre al noble sentido patrio. Veíanse por los años 62 a 65 los astilleros sosteniendo las quillas del San Antonio de 160 toneladas, a la Joven Mariana de 112 , a la trinidad de 171 , Buenaventura de 38, Paquete de Terranova 220, y sucesivamente las Mercedes y Resolución de 191 y 67. Con estos datos se demuestra que esta playa que apenas cuenta hoy con un número de calafates y carpinteros de riberas suficientes para construir una embarcación de pesca se hallaba dotada de más de cien individuos de maestranza cuyos podían realizar sus conocimientos prácticos y teóricos del oficio, en las grandes corporaciones establecidas en los grandes astilleros de España; sin embargo se han visto obligados paulatinamente llevando imprimidas en el alma las huellas del dolor que proporciona una forzosa emigración a incorporarse en los Arsenales del gobierno para librarse de los rigores de la miseria. Veíanse en nuestra rada , multitud de embarcaciones con cargamento de madera de construcción, perchería, hierro y artefactos propios para equipar un buque. Veíanse multitud de almacenes abiertos al comercio que daban vida con sus operaciones a nuestros braceros, de los cuales contábanse muchos marineros, que con el fin de no atrasarse durante el tiempo que permanecía el buque de que formaba parte trabajaba lucrado lo suficiente para atender a las precisas necesidades de su familia , de lo cual sentíase orgulloso y satisfecho. Veíanse talleres por doquier de herrería, carpintería, ebanistería, obradores de velas, telares de cotonias y otros que dan a conocer la primera vista el estado feliz y prospero de un pueblo cuyas únicas riquezas se encierran en el trabajo, y de todo aquello, aunque el relato nos cause honda pena, solo quedan fragmentos inservibles de algún casco esparcido por la silenciosa playa, como recuerdo latente de nuestro pasado. Hoy al fijarnos en las pocas embarcaciones que al arte de la pesca se dedican, tenemos que lamente el que la mayor parte de los hombre que las tripulan, desconocen por completo el arte marinero, en perjuicio de su personalidad y de los intereses que manejan, obedeciendo todo esto a la fatal emigración que se advierte a medida que se estinguen los pocos elementos de vida que le restan a la marina. En corroboración a lo expuesto fijemos la vista en el censo de la población y encontraremos una baja comparativa de habitantes, muy superior a lo que podamos imaginar. Pocos son los pueblos que en esta última década tenga que lamentar tal descenso y por sensible que nos sea , no vemos aptitud para contener los efectos que producen la causa de nuestros males. Un medio tan solo encontramos factible para que nuestro pueblo recupere su prosperidad y grandeza: un Puerto. Difícil es a primera vista en remedio, pero los grandes acontecimientos de nuestro siglo, nos vienen a demostrar a que de querer, es poder. Torrevieja viene en este momento en nuestra ayuda; ese notable pueblo azotado mil veces por sus pésimas condiciones que concurren en su rada, después de haber solicitado otras tantas veces de todos los gobiernos la construcción de un Puerto, y desoídas que fueron las justas pretensiones, por último, el día 22 de los corrientes convócanse a una junta popular extraordinaria para hacer una cuestación a fin de reunir fondos para sufragar los gastos de la Comisión que ha de pasar a la corte a gestionar la realización del deseado proyecto, cuyos componentes han de reunir cuatro condiciones, actividad, ilustración, amor al puerto e influencia. Hay que prescindir pues de afecciones, amistades, y escuelas; elegid a los que tengan condiciones y nosotros no dudamos que teniendo en cuenta la junta, tan esenciales puntos y no dejándose guiar como generalmente sucede por influencia y miras egoístas. Torrevieja conseguirá un éxito seguro. Imitemos nosotros a este pueblo, y no hay duda que en tiempos no lejanos veremos trasformada nuestra playa de hoy en un pueblo habilitado haciendo retornar al pueblo que les vio nacer a miles de personas que hoy enriquecen con sus trabajos artísticos, científicos y materiales en las más apartadas regiones.

Fotos 1 y 3 Punta del Alcocó antes de construirse el puerto .
Foto 2 Goleta fondeada y Puigcampana al fondo. Fotografía de Linares Ortiz